viernes, 8 de marzo de 2013

Tiempo...bendito Tiempo


“Los momentos pasan y no regresan. El tiempo es ese recurso no renovable que se escurre entre nuestros días para nunca más volver. Mañana no podrá ser igual que hoy –y ojalá que no lo sea*-. Tu hijo nunca volverá a decir por primera vez “mamá” o dar su primer paso sin estar sostenido por tu mano. La oportunidad que tienes hoy de estar a su lado no volverá. Mañana será una nueva oportunidad, pero la de este momento es única, irrepetible”. Celia Chávez Chan

Hace poco fui contactada por una mamá que buscaba un portabebé para su pequeño de ocho meses. Cuando fui a visitarla, me encontré con una mujer atareada por el trabajo pero con la firme intención de compartir tiempo de calidad con su hijo. Luego de hablar un poco sobre la crianza respetuosa –que es el mensaje detrás de la venta de los portabebés-, ésta mamita decidió abrir su corazón para liberarse un poco de lo que realmente la aquejaba en ese momento.

Me dijo que estaba en un dilema ya que no sabía si continuar con su trabajo que, aunque lo realizaba desde casa, impedía que el tiempo con su hijo fuera lo que ella sentía en su corazón  que debía ser. Pero que temía básicamente por la “mal crianza” (de la que hablan los demás: “es que se va a malcriar, no lo alce tanto… ¡que niño tan consentido!”) y por su vida profesional.

Cuando me encontré con el fragmento en el libro de Celia Chávez que cite al inicio de este escrito, recordé inmediatamente a esa mamá y lo que le dije:

“El tiempo que le des ahora, no tiene precio…todo lo que puedas hacer por él ahora se reflejará más adelante. Si tienen la posibilidad como familia de que tú te quedes en casa CON ÉL, ¡HAZLO! Nadie lo ama ni amará en la manera en la que tú lo haces y podrías demostrárselo, nadie podría educarlo con la conciencia con la que tú lo harías. Si puedes, se tú quien presencia todas esas “primeras veces” en la vida de tu hijo. Ya cuando lo sientas fuerte, cuando él requiera su propio espacio –jardín- entonces suéltalo y retoma tu vida profesional. No sientas que te estancas, simplemente estás viviendo un rol diferente en una etapa diferente de tu vida. No atiendas a los que dicen que no hay que consentirlos tanto; cuando tenemos hijos a conciencia y por decisión, debería ser para consentirlos –que no es lo mismo que hacer todo por ellos y volverlos inútiles- para estar ahí, ya que finalmente no fue su idea venir al mundo y mucho menos venir al mundo para estar en la guardería al mes de nacido o en manos de una empleada o “la niña que me ayuda” que además tiene que hacer todo el oficio de la casa; incluso en el mejor de los casos, no deberían quedar al cuidado total de una abuela, cuyo papel es el de ser abuela: alcahuetear, consentir más y jugar, no ser la segunda mamá. (No niego que la ayuda siempre viene bien, muy bien, mientras que sea eso y los papás sigan siendo los protagonistas de la crianza de sus hijos)”
Inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas y no tuve más que despedirme y dejarla confiando plenamente que en su corazón está la decisión correcta.

Insisto, este es mi ideal, pero sé que existen muchas realidades que obligan a las mujeres a salir en busca del sustento o ser un apoyo económico para sus hogares, se también que es vital para el alma sentirse útil y recibir un reconocimiento y/o recompensa por lo que podemos hacer, así que no es que le esté restando valor al trabajo ya que creo que es fundamental para sentirse pleno y realizado. Lo que digo es que todo tiene su tiempo y si se puede hay que elegir lo que es mejor por el bien de nuestros hijos. No se trata de renunciar a nuestra vida, se trata de asumir plenamente cada rol que nos presenta según lo amerite.

 “Revisa de quién fue la decisión para que cada cual realice su acción”

La responsabilidad de los hijos no es ajustarse a nuestros horarios y acostumbrarse a que no estemos cuando nos necesitan. Ellos no tienen la obligación de entender que estás lleno de problemas, angustias o deudas, y mucho menos si no los tomas tan enserio como para comenzar a contarles sobre ello. No tienen por qué comprender que te duele la cabeza o la espalda y por eso no pueden jugar a brincos y a gritos. No saben la diferencia entre un martes o un sábado y porque un día deben madrugar y otro no. No entienden porque no se puede salir cuando está haciendo frío si se trata de ir al parque, pero si se debe salir cuando vamos a la guardería o los papás al trabajo. Rechazan la idea de que sea mejor comer verduras que helado (en algunos casos), si ambas cosas se comen y “van a la pancita”. Probablemente se sientan rechazados cuando estás en casa pero lo dejas al margen de lo que haces. No intentan hacer “males” cuando juegan con los documentos importantes, o con el teléfono, solo quieren ser como tú. No merecen ser castigados –gritados ni golpeados- cuando “agotan tu paciencia”, ya que aún no saben que es la paciencia. Ellos no graban tus discursos cuando no te ven para comprobar que vives según lo que dices. No saben dónde estás cuando no estás con ellos, porque solo creen en lo que ven y conocen.

Los hijos sólo esperan que estés ahí, porque en un principio, sus papás son su mundo, su seguridad, su confianza. Ellos quieren jugar siempre. Quieren reír o gritar y necesitan que los alces, los abraces y los beses. Se acostumbran a levantarse a la misma hora siempre y quieren jugar contigo cuando tú probablemente quieres dormir un poco más. Les encanta ir al parque contigo. Aprenderán a entender el mundo a partir de su relación contigo y de cómo les hablas. Todo no es alegría, cuéntales cuando tienes problemas o cuando las cosas no están bien…ellos aprenderán tolerancia a la frustración y control emocional -entre otras cosas fundamentales. Requieren práctica, para aprender a ser constantes y disciplinados. Necesitan saber qué es lo “tan importante” o interesante que tienes que hacer cuando no estás con ellos, cuéntales de tus actividades. Anhelan cooperar contigo en lo que haces y lo disfrutan. Cuando los llevas a tu trabajo no intentan hacer “daños”, solo son niños y juegan, están emocionados cada vez que ven algo diferente, pero también pueden aburrirse con facilidad. Tienen que aprender el valor de hacer cosas que probablemente “no nos gustan”, pero que nos hacen bien y todas las otras cosas de la vida: las felices y las que no lo son tanto, pero deberían aprenderlo de tu mano. Los niños aprenden todo el tiempo y depende de los padres proporcionarles experiencias emocionantes y enriquecedoras todos los MOMENTOS de su vida, no solo cuando tenemos tiempo, ganas o dinero.

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