“Los momentos pasan y no regresan. El tiempo es ese recurso no
renovable que se escurre entre nuestros días para nunca más volver. Mañana no
podrá ser igual que hoy –y ojalá que no lo sea*-. Tu hijo nunca volverá a decir
por primera vez “mamá” o dar su primer paso sin estar sostenido por tu mano. La
oportunidad que tienes hoy de estar a su lado no volverá. Mañana será una nueva
oportunidad, pero la de este momento es única, irrepetible”. Celia Chávez Chan
Hace poco fui contactada por una
mamá que buscaba un portabebé para su pequeño de ocho meses. Cuando fui a
visitarla, me encontré con una mujer atareada por el trabajo pero con la firme
intención de compartir tiempo de calidad con su hijo. Luego de hablar un poco
sobre la crianza respetuosa –que es el mensaje detrás de la venta de los
portabebés-, ésta mamita decidió abrir su corazón para liberarse un poco de lo
que realmente la aquejaba en ese momento.
Me dijo que estaba en un dilema
ya que no sabía si continuar con su trabajo que, aunque lo realizaba desde
casa, impedía que el tiempo con su hijo fuera lo que ella sentía en su
corazón que debía ser. Pero que temía
básicamente por la “mal crianza” (de
la que hablan los demás: “es que se va a malcriar, no lo alce tanto… ¡que niño
tan consentido!”) y por su vida profesional.
Cuando me encontré con el
fragmento en el libro de Celia Chávez
que cite al inicio de este escrito, recordé inmediatamente a esa mamá y lo que
le dije:
“El tiempo que le des ahora, no tiene precio…todo lo que puedas hacer por él ahora se reflejará más adelante. Si tienen la posibilidad como familia de que tú te quedes en casa CON ÉL, ¡HAZLO! Nadie lo ama ni amará en la manera en la que tú lo haces y podrías demostrárselo, nadie podría educarlo con la conciencia con la que tú lo harías. Si puedes, se tú quien presencia todas esas “primeras veces” en la vida de tu hijo. Ya cuando lo sientas fuerte, cuando él requiera su propio espacio –jardín- entonces suéltalo y retoma tu vida profesional. No sientas que te estancas, simplemente estás viviendo un rol diferente en una etapa diferente de tu vida. No atiendas a los que dicen que no hay que consentirlos tanto; cuando tenemos hijos a conciencia y por decisión, debería ser para consentirlos –que no es lo mismo que hacer todo por ellos y volverlos inútiles- para estar ahí, ya que finalmente no fue su idea venir al mundo y mucho menos venir al mundo para estar en la guardería al mes de nacido o en manos de una empleada o “la niña que me ayuda” que además tiene que hacer todo el oficio de la casa; incluso en el mejor de los casos, no deberían quedar al cuidado total de una abuela, cuyo papel es el de ser abuela: alcahuetear, consentir más y jugar, no ser la segunda mamá. (No niego que la ayuda siempre viene bien, muy bien, mientras que sea eso y los papás sigan siendo los protagonistas de la crianza de sus hijos)”
Inmediatamente sus ojos se
llenaron de lágrimas y no tuve más que despedirme y dejarla confiando
plenamente que en su corazón está la decisión correcta.
Insisto, este es mi ideal, pero
sé que existen muchas realidades que obligan a las mujeres a salir en busca del
sustento o ser un apoyo económico para sus hogares, se también que es vital
para el alma sentirse útil y recibir un reconocimiento y/o recompensa por lo
que podemos hacer, así que no es que le esté restando valor al trabajo ya que
creo que es fundamental para sentirse pleno y realizado. Lo que digo es que
todo tiene su tiempo y si se puede
hay que elegir lo que es mejor por el bien de nuestros hijos. No se trata de
renunciar a nuestra vida, se trata de asumir plenamente cada rol que nos
presenta según lo amerite.
“Revisa de quién fue la decisión para que cada cual realice su acción”
La responsabilidad de los hijos
no es ajustarse a nuestros horarios y acostumbrarse a que no estemos cuando nos
necesitan. Ellos no tienen la obligación de entender que estás lleno de
problemas, angustias o deudas, y mucho menos si no los tomas tan enserio como
para comenzar a contarles sobre ello. No tienen por qué comprender que te duele
la cabeza o la espalda y por eso no pueden jugar a brincos y a gritos. No saben
la diferencia entre un martes o un sábado y porque un día deben madrugar y otro
no. No entienden porque no se puede salir cuando está haciendo frío si se trata
de ir al parque, pero si se debe salir cuando vamos a la guardería o los papás
al trabajo. Rechazan la idea de que sea mejor comer verduras que helado (en
algunos casos), si ambas cosas se comen y “van a la pancita”. Probablemente se
sientan rechazados cuando estás en casa pero lo dejas al margen de lo que
haces. No intentan hacer “males” cuando juegan con los documentos importantes,
o con el teléfono, solo quieren ser como tú. No merecen ser castigados
–gritados ni golpeados- cuando “agotan tu paciencia”, ya que aún no saben que
es la paciencia. Ellos no graban tus discursos cuando no te ven para comprobar
que vives según lo que dices. No saben dónde estás cuando no estás con ellos,
porque solo creen en lo que ven y conocen.
Los hijos sólo esperan que estés
ahí, porque en un principio, sus papás son su mundo, su seguridad, su
confianza. Ellos quieren jugar siempre. Quieren reír o gritar y necesitan que
los alces, los abraces y los beses. Se acostumbran a levantarse a la misma hora
siempre y quieren jugar contigo cuando tú probablemente quieres dormir un poco
más. Les encanta ir al parque contigo. Aprenderán a entender el mundo a partir
de su relación contigo y de cómo les hablas. Todo no es alegría, cuéntales
cuando tienes problemas o cuando las cosas no están bien…ellos aprenderán
tolerancia a la frustración y control emocional -entre otras cosas
fundamentales. Requieren práctica, para aprender a ser constantes y
disciplinados. Necesitan saber qué es lo “tan importante” o interesante que
tienes que hacer cuando no estás con ellos, cuéntales de tus actividades. Anhelan
cooperar contigo en lo que haces y lo disfrutan. Cuando los llevas a tu trabajo
no intentan hacer “daños”, solo son niños y juegan, están emocionados cada vez
que ven algo diferente, pero también pueden aburrirse con facilidad. Tienen que
aprender el valor de hacer cosas que probablemente “no nos gustan”, pero que
nos hacen bien y todas las otras cosas de la vida: las felices y las que no lo
son tanto, pero deberían aprenderlo de
tu mano. Los niños aprenden todo el tiempo y depende de los padres
proporcionarles experiencias emocionantes y enriquecedoras todos los MOMENTOS
de su vida, no solo cuando tenemos tiempo, ganas o dinero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario